Hace medio año corría 85 kms por
semana, casi sin notarlo por la costumbre. La gente me decía que andaba muy
flacote, pero yo no lo veía. Me sentía bien. Nunca me pesaba, hasta que un día
divisé una balanza distraída y decidido fui corriendo a atacarla.
Su respuesta fue un gancho en pleno cacharro,
me dio insultantes 68 kilos, peso pluma.
Fue tal la impresión, que dejé de correr 1
mes, y empecé a alimentarme como caballo. En ese mes comía un panetón por
semana y alrededor de 3 panes, un plátano, un huevo, media piña y un café de
desayuno. Después de ese mes me volví a pesar y estaba en 75.
Claramente se había acabado el
recreo y volví a las pistas y le bajé a los panes en el desayuno. Extraño aun
mi panetón semanal.
Los domingos toca fondo. Antes
hacia entre 20 y 25 kms pero ahora sólo hago 18. Para no desintegrarme y además
el sol quema duro. Dicho sea de paso, no me levanto a las 6 am del domingo para
correr. Salgo cuando me levanto, dependiendo de la noche anterior.
Muchas veces he salido con
facunda resaca que se me quita toda en km 7 pero como Luke Skywalker, cuya
aliada poderosa es la fuerza, vuelve
risueñamente empoderada 1 hora después de haber terminado.