Estos son un grupo de amigos de toda la vida, super diferentes
unos de otros pero acostumbrados a gestionar sus indiferencias en base a la
cantidad de años que se conocen. Separando que todos han madurado, cada uno en
su estado, cuando se juntan, el grupo que se forma gestiona una inmadurez
colectiva casi imperceptible para los que lo conforman, pero evidente para los
que observan desde fuera.
Podríamos, en buena fuente, diferenciar a los integrantes en
las siguientes categorías: El carismático, el equalizador (especialista en
mantener el equilibrio), el quejoso y el rebelde social.
Pocas veces se reúnen, por distintos caminos de vida, pero
cuando lo hacen salen las personalidades características fijas de la identidad individual.
Sábado 9 pm, barranco, bar característico de la zona con
decenas de años de existencia rural, mesas de restaurante, sin música, los
comensales son extranjeros o bohemios y gente como este grupito ansiada de mirar
algo distinto a los bares de siempre. No es necesario viajar para conocer otras
culturas.
Luego de las 7 pm es difícil encontrar mesa, por lo que
tuvimos que esperar fuera que se desocupe una, con suerte una distante al baño
que suele regalarnos olores inopinados de biológica procedencia. BTW, puedes
ponerle un poco de bicarbonato a la olla de frijoles que te zampas en el
almuerzo, chavalito.
Eran aproximadamente las 7:30 am
cuando la movilidad me dejó en la puerta del colegio. Desde la entrada hasta el
patio podrían ser unos 5 minutos caminando, así que empecé a correr con todas
mis fuerzas para llegar rápido.
No era porque quería estudiar o
algo, porque la verdad me interesaba muy poco.
Pasaba que aproximadamente a las
7:45 am ya deberíamos estar formados para rezar y cantar antes de entrar a
clases. Todos ahí bien rígidos como soldaditos sin respirar mucho y por
supuesto sin pestañear, porque nos caía un golpazo de parquet en la mano
inhábil, pues a la mano hábil le esperaban horas de apuntar y apuntar dictados
absurdos. Es que en esa época, al parecer, todavía no se enteraban de la
utilidad de los libros, razón aparente por la cual nos obligaban a apuntar
absolutamente todo.
Lo que sucedía entes de esa hora
era lo realmente importante: jugar
fulbito en el patio del colegio con una pelota de trapo llena de papeles.
Conversaciones cualquiera, entre 2 peruanos cualquiera, en
una dimensión cualquiera. Llamaremos a los interlocutores agente A y agente B,
de forma indistinta, podríamos ser tu y yo, o yo y tu. O no, lo que tu quieras.
A: Oye, que ricas están las aceitunas
B: Si pero son con pimiento, mejores son las aceitunas con
rocoto
A: ah, bueno
_______
A: Oye que rica esta cerveza
B: Si, pero está un poco caliente, helada es más rica, además la otra marca es mejor
A: ah, bueno
______
A: Oye, que bonita esa chica
B: Si, pero cuando sonríe mirando al noroeste, en noche de
luna llena, entre 9 y 9:15, se le ven los dientes un poco chuecos
A: ah, bueno
__________
A: Oye mira he bajado de peso!!
B: Si, pero cuando bajas de peso se te va la grasa de la
cara y te salen patas de gallo, y eso es peor
Pensé que la presentación no había salido como esperaba.
Suelo controlar mucho los gestos ya que decimos más por los gestos, movimientos
y entonaciones que por las mismas palabras. Estas últimas se pueden dirigir,
los otros no. La Directora frunció 3 veces el ceño, bajó la mirada a los
documentos y se perdía de rato en rato de lo que le estaba diciendo.
En un momento se paró y salió de la sala, cuando entró de
nuevo me preguntó cuando podíamos empezar.
Mientras intentaba bajar la intensidad del momento para no
crear situaciones que no habían sucedido, caminaba por aquellas veredas de la
universidad que tanto recorrí cuando era estudiante, los recuerdos venían a mi
memoria de forma incesante, como aquella vez que luego de una práctica de Mate
1 en generales, con todo el pabellón de estudios generales lleno de gente, me
paré en una jardinera para buscar un amigo entre la multitud y cuando lo
encontré salté al suelo con tan mal cálculo que terminé aterrizando con los
brazos hacia delante y la mochila en la espalda que no estaba cerrada y todos
mis papeles y cuadernos salieron volando delante de todo el mundo. Papelón total,
pero me hice el loco, me paré como si no hubiera pasado nada y fingiendo que no
escuchaba las carcajadas de todos los presentes cercanos a mi. Dignidad ante
todo, incluso si tienes que comerte el dolor en la rodilla para no cojear.
Parece que fue ayer. No se trata tanto que la vida pase
muy rápido, sino que nuestra capacidad de guardar las experiencias importantes es
más intensa y los recuerdos archivados quedan más a mano cuando crecemos, y nos
acordamos tan bien de ellas, que parece que ha sido hace poco.
¿Le dije el precio del proyecto? Porque en la universidad
todos son muy buenos y agradables y les interesa los servicios que les ofreces
hasta que les dices el precio, como si no tuvieran, que son S/. 700 de promedio
del crédito por 10,000 estudiantes mas o menos. Si son 20 créditos de promedio
por ciclo, cada estudiante paga un promedio de 14,000 soles por ciclo. Si lo
multiplicamos por 10,000 alumnos nos quedamos sin pelo. Pero para invertir en
proyectos de estudio de la humanidad del ser, pues resulta que no les alcanza
la plata.
Pero me dijo “cuando empezamos?”, o tal vez me lo inventé y me
dijo ándate a tomar por culo, y por el sonido del aire acondicionado entendí
mal.
Cuando paso por el pabellón de Derecho, me quedo un rato mirando,
hacia la biblioteca. En la plaza de en medio
hay una estructura de metal que parece el caparazón de una tortuga
biónica, que muy bonito pero innecesario, vamos que sabemos que al no tener
fines de lucro, tienen que gastar excesos de activo.
Cuantas tonterías hicimos en ese patio. El pabellón de derecho
en frente del pabellón de comunicaciones, los que iban en terno a dar examen
oral, frente a los que iban en pijama a filmar sus cosas. Tremenda ensalada se
hacía en medio. Igual yo siempre me sentí más identificado a los de enfrente,
pero no me daba cuenta.
Recordé la primera clase de la facultad, cuando el profesor
nos hizo salir uno por uno al frente a hablar delante de todos, exponiendo la
causa principal por la cual estudiábamos derecho. Que puto roche, pensaba. Cuando
salí, rojo como un tomate, con miedo de caerme como aquella vez en estudios
generales, levanté la mirada y vi como 60 ojos juzgadores atentos a mi como si estuviera
a punto de decir la clave de la vida ¿Cuándo coño están unos chavales de 17-18
años tan atentos?
Dije lo que se me salió del alma, “quiero estudiar derecho
porque quiero ayudar a las personas a encontrar justicia” cuando terminé miré
al profesor como pidiéndole por favor que me deje ir a mi sitio y volverme
invisible de nuevo.
Justo en ese momento vi la carita de una chica que me
enamoró y gracioso fue que años después tuviéramos un tórrido romance. Que todavía
no pasa, pero se la tengo jurada y en cuanto se descuide …. Es que cuando se me
mete algo en la cabeza, ya puede correr todo lo que quiera, pero no esconderse. Hablo de personas y situaciones.
Quien diría que luego de muchos años, esa situación que
tanto me incomodaba, de estar hablando frente a un grupo de gente, se me
hiciera tan excitante, fácil y deliciosa.
Se pasearon por mi cabeza todos los hermosos galifardos que felizmente acompañaron
mi camino universitario, unos más diablos que otros, y que ahora andan la
mayoría tan maduritos y seriecitos, con su diligente excepción, aquel carismático
que sólo envia audios al grupo de wasap que casi nadie escucha.
Me acordé de aquella olimpiada de derecho en la que hicimos
justo papelón en el campeonato de fulbito, pero nos importó poco porque de ahí
nos pusimos a coleccionar muchas chapitas de cerveza.
Recordé aquella tristemente situación mediática que sucedió
en un almuerzo de derecho que tuvo a mal traer a una buena amiga durante buen
tiempo. Cuando una persona quiere mentir
para hacer daño, puede hacer mucho daño, incluso a gente que está fuera de su
radar del perjuicio.
Regresé a mi, ya estaba llegando al estacionamiento que está
detrás del pabellón G. Cuando subí al carro y cerré la puerta me quedé
pensando.
Cuando llegaba no miraba a los ojos, se entretenía con lo que tenía que hacer,
con sus audífonos que rompen el silencio con música electrónica.
Su pelo castaño lacio cae encima de sus hombros, sus ojos
redondos con pestañas largas, te hacen ver a un hermoso ángel con capacidad de
inferir placer tan sólo con su sonrisa angelical, que sólo la muestra cuando le
digo un bonito hola.
- - Que buena playa, estás bronceadita
- - Jajaja si, estuve en Punta Hermosa el fin de
semana
- - Que rico, que tal lo pasaste?
- - Bien, en playa blanca en el día y en la noche nos
fuimos a una fiesta.
- - Con quien estuviste?
- - Con unas amigas y mi novio
-
El proyecto lo trabajamos de forma semipresencial, nos juntamos
2 veces por semana y luego gestionamos el avance a
distancia gracias a la maravilla del internet.
No me costó mucho soltarle confianza, fue preguntarle por
sus tatuajes, sus fds y hablarle de música, para que se suelte. Especialmente bonito es el
tatuaje que tiene en la muñeca con su firma. La falta de confianza inicial se convirtió,
en pocas semanas en confianza absurda, al punto que ya me dice flaco o cabezón.
Me encanta como se viste, no tiene intención de verse más
bonita a través de la ropa o maquillaje. Claro que no lo necesita. Va en jeans
y zapatillas, pero se le ve superlinda. Con el viejo truco de jugar con su pelo
de rato en rato me deja alucinado. Intento hacerme el loco o el duro, pero por dentro estoy que me derrito, mala señal para el proyecto.
Y para el novio.
Yo mono (m) : Yo no necesito mejorar como
persona, yo estoy muy bien, tengo todas las respuestas para lo que necesito y
soy un amor de persona, sin carencias ni debilidades. Si nuestra sociedad no se
ha desarrollado lo mínimo necesario, se debe desde luego, a culpa de otros,
nunca mía. Yo soy listo y tengo todo lo
que necesito.
Pero ¿qué es lo que yo necesito?
1)Un
par de zapatillas o un perfume que no me hacen real falta pero me hacen ver bien bonito, y es barato, cuestan sólo S/.300.
Yo Búho (b): Hola Daniel, soy tu último nivel de consciencia, y antes que me termines matando por vivir en cruise control, te voy a susurrar algunas cosas:
Tal vez te sirva para creer que te ves bien bonito y para aparentar mucho, subcortical
forma de alimentar superficialmente tu autoestima, pero de esto último no te das cuenta porque
estás mirando taradamente tus zapatillas, o tal vez,
si te das cuenta pero no te interesa trabajarlo de manera profunda, porque piensas "así
soy y así me quieren y si no, ahí está la puerta"
Total, es más
fácil comprar otro par de zapatillas que te alegrarán la vida por unos
cuantos días más, ojalá hasta fin de mes, cuando apuntales nuevamente tu tarjeta
de crédito hacia una nueva inyección de superficial felicidad.
No me gustan las multitudes, por eso no me gusta cuando el
gimnasio está lleno. Es que la sensación de no poder moverme a voluntad o
sentir invadido mi espacio. Pero lo que más joroba, son los que van al gimnasio
porque al parecer los botan de su casa.
Está el que va al gimnasio a ver Netflix el muy hijueputa.
Se sienta en las máquinas a ver Luis Miguel el muy cabrón, ocupando sitio
innecesariamente, totalmente desatendido de lo que sucede a su alrededor, y cuando le pides la máquina,
por estar con los audífonos y con la mente en la luna, se demora en darse
cuenta que le estás hablando y luego te mira a una velocidad absurdamente lenta.
No me jodas chaval,
si te botan de tu casa, ándate al parque a ver Luis Miguel. Encima, en lugar de
llevar su botella de agua, lleva su coca cola para acompañar el muy pendejo. Ya
en esas, le faltará poco para ir al gimnasio con canchita y hot dog. Da ganas
de ir por detrás, quitarle los audífonos rápidamente y gritarle : despierta!!