domingo, 13 de octubre de 2019

La historia sin fin

8 meses después volvió a pasar, esta vez más intenso, más profundo, más mágico.


Tal vez esas tonterías del hilo rojo, del amor de vida, de la conexión espiritual, sean verdad.

Tal vez ella se sienta igual, tal vez no. 

La cosa es que esto no va a terminar, y nos vamos a arrepentir el dia que nos demos cuenta que debimos enfrentarnos y  unirnos física y emocionalmente de por vida. Porque eso es lo que la vida nos está pidiendo a gritos.  Pero seguimos jugando al "si debe pasar, pasará", en una ola de pasividad que nos hará lamentar cuando no haya vuelta atrás.

Nuestros caminos son muy distintos, tenemos vidas totalmente antagónicas, ella tan correcta y yo tan rebelde. Ella tan elegante y yo tan relajado.  Pero nuestros corazones se quieren juntar, y obvio no les hacemos caso. Al final quieras o no, manda el corazón, aunque vaya en contra de la lógica social.


domingo, 23 de junio de 2019

La cosa de las miradas, esas que te enseñan el alma, es peligrosa.  Cuando se encuentran 2 miradas que se mantienen un par de segundos solo, pero parece mucho más tiempo, ambas personas se dicen, tal vez incluso de manera involuntaria, que hay algo ahí. Y si conlleva una sonrisa adjunta, el destinatario se siente como bife a la parrilla, al punto de meterle diente, con su buena ensalada y aji de la casa.

Suelo tener ratos, momentos, de no bajar la mirada cuando siento que alguien me mira. No es siempre, pero es como un juego a ver quien la mantiene más. Con hombres no hay problema, al cabo de poco terminan bajando la mirada. Normalmente gano. Y a mi que no me gusta ganar.

Con las mujeres la cosa es distinta. No todas evidentemente, tristemente no las que quisiera, pero algunas mantienen la mirada y al rato me sueltan boca sonrisa que me hacen pensar “ay ya la cagué” porque mi intención no es darle alas a quien no va a poder volar. Si fuera la que me gusta me quedaría pegado mirando, pero en estos casos suelo hacerme el locaso.

Lo bonito es cuando estás mirando a tu bendición, de forma caleta, como siempre sin que se de cuenta y de ahí voltea y te clava sinvergüenza mirada sostenida por varios segundos, y no una, ni dos, ni tres, sino unas varias veces más.

Es riquisimo el comecoco que te haces cuando ello sucede “pero, ¿por qué me mirará así? ¿será por la misma razón que la mía o por otra menos babeante?

La primera es casualidad, al segunda es porque ella querrá confirmar sus sospechas, la tercera ya es consentida y a partir de la cuarta ya es coquetería. Al menos asi lo siento yo, y claro, alguna vez la he cagado.

Esta chiquita es bien mirona, es muy fácil encontrarle la mirada. El otro día estábamos ahí, donde siempre, haciendo lo de siempre, cuando me dije “quiero decirle me gustas, sin palabras”. Entonces decidí hacer el juego de la mirada inocente. La iba a mirar hasta que ella conecte su mirada con la mía y cuando ello sucediera, iba a poner cara de asustado, voltear la mirada muy rápido y negaría con la cabeza mientras miraba hacia el suelo. 

Todo esto, con mi inocente intención de hacerle creer que en mi cabeza estaba pasando un pensamiento de remordimiento y vergüenza de haberme sentido ampayado con las manos en la masa, in fraganti, en algo que no quería que nadie se diera cuenta.

Imagina que estás mirando a una persona que te gusta mucho en silencio, pero no quieres que se dé cuenta. Si esta persona voltea y te ampaya en una, tu carga de conciencia será tal, que pensarás que dicha persona te ha leído la mente, justo de lo que pensabas mientras la mirabas. Es decir, creerás que ya se dio cuenta que estás por ella a mil por hora.

Ella estaba a unos 3 metros de distancia, justo en frente mio. Cuando la miré, no pasaron ni 2 segundos para que ella levante la mirada del celular y me conecte visualmente. Fue perfecto, todo salió a pedir de boca.

En ese momento, puse mi cara de asustado de “uy se dio cuenta que la estoy mirando con estupefacción” y giré la cabeza rápidamente para fingir la absurdez del intento que no se diera cuenta. Vamos todo estaba planeado. Mi intención era que ella piense que me había cogido in fraganti, y que yo no quería que se diera cuenta, cuando en realidad era lo que quería.

Una vez que ella se dio cuenta que la estaba mirando, se acercó y me empezó a hacer la conversa. Como diría Anibal Smith, me gusta cuando un plan se concreta.

La secuencia de miradas libidinosas siguió, como en un jueguito inocente, sonrisas iban y venían. Cuando yo me doy cuenta que el tema va en doble sentido, me las doy de desinteresado, me gusta landear el asunto. Mientras más larga la espera, más rico es el enganche.

Luego de unos días, cuando la mirada se había estandarizado, sin haber hablado de ello, sin haber evidenciado nuestros deliciosos y profundos deseos sexuales por el otro, sin si quiera haber hablado mucho, la vi distraída en el teléfono, y para variar levantó la mirada y nos quedamos mirándonos sin roche, sin sonreir, sin hablar, sin pestañear, sin sentir culpabilidad.

Mientras seguimos mirándonos, me le acerco lentamente, ella abrió un poco los ojos, como sorprendida y nerviosa.

Cuando llegué donde estaba, habían sido unos 2 metros de caminata con la mirada clavada, ella me sonríe y me dice que está “cansadita”.

Yo la sigo mirando sin sonreir, sin hacer caso a lo que me decía, su cansancio era obvio, una excusa para llenar el vacío silencioso que reinaba entre las miradas, ahora a corta distancia.

- Si nos seguimos mirando así, tarde o temprano uno de los dos se va a terminar derritiendo, y hay muchas probabilidades que seas tu.

Le dije con toda la conchudez del mundo, porque la verdad, sentía por dentro que el que se iba a derretir ya en ese momento, era yo, si es que ya no había empezado a hacerlo, porque las rodillas me temblaban y el pecho se me salía.

Cuando oyó eso, ella dibujó una super sonrisa tímida en su carita linda, bajó la mirada mientras sus cachetitos se ponían rojitos y luego soltó una dulce, tímida y baja frasesita:

- Eres un idiota -  me dijo, mientras su sonrisa me daba la mayor alegría del año.



domingo, 2 de junio de 2019

He conocido a la chica de mis más renuentes y deliciosas pesadillas

He conocido, sin querer queriendo, que es la forma más deliciosamente embaucante pues te agarra desprevenido, a una chica encantadora.

Como suelo ser, no sé porque mi naturaleza es así, cuando diviso una chica con un intensa belleza física, tiendo a retraer, contra mi real querer por supuesto, todo atisbo de alago o amistad forzada, incluso le hago entender que para mi casi no existe,  ya que entiendo que suele estar acostumbrada a los “babas” término distinguido en España para referirse a aquellos galanes tira labia que se saben todos los adjetivos magnificadores de la belleza femenina que van desde “diosa” hasta “princesa” dejando en medio unos varios más.  Es decir, siento que es una chica acostumbrada a que se le tiren a los pies, y hacer lo mismo sería entrar en el común denominador siendo igual a todos, sin destacar, ocasionando que mis posibilidades, aunque remotas, disminuyan.

Es paradójico, e incluso puede ser estúpido, pensar que para que se fije alguito en mi, tengo que hacerle entender que me es indiferente. A veces funciona, otras no tanto.

domingo, 19 de mayo de 2019

La estrepitosa realidad de la ciudad prohibida

Sali corriendo porque, para variar ya estaba tarde. El taxi me esperaba ya en la puerta y yo ni si quiera me había puesto la corbata, claro en el taxi será. Era evidente esperar el tráfico de un día de semana por la mañana, gente estresada por la ingente cantidad de carros que ocupan la ciudad.

Esta es una gráfica bastante representativa de nuestra sociedad. Valoramos más nuestra dependencia al estatus, prefiriendo luchar contra el tráfico que adquirir otros medios de transporte que nos enfrasquen menos y nos diviertan más. Pero entendemos esto último como signo infravalorado de nuestra capacidad de tener.

Muy bien lo podemos ver en aquellas ideas espectaculares de tan idílico alcalde que pensaba que el tráfico se combate con menos parques y más carriles.

 Los países con mayor desarrollo socioeconómico tienden a minimizar el uso del automóvil, pero nosotros vamos unos añitos por detrás. En Holanda, Alemania y los países nórdicos priorizan al transporte ecológico sustentable antes que la proyección de la imagen de valor que creemos que nos da la capacidad de adquirir un auto.

1 hora es mi tiempo estimado desde San Borja hasta el centro empresarial. Si fuera un domingo, el tiempo sería, según maps, de 21 minutos.


domingo, 5 de mayo de 2019

Eres un guapito pituquito de mierda

Estos son un grupo de amigos de toda la vida, super diferentes unos de otros pero acostumbrados a gestionar sus indiferencias en base a la cantidad de años que se conocen. Separando que todos han madurado, cada uno en su estado, cuando se juntan, el grupo que se forma gestiona una inmadurez colectiva casi imperceptible para los que lo conforman, pero evidente para los que observan desde fuera.

Podríamos, en buena fuente, diferenciar a los integrantes en las siguientes categorías: El carismático, el equalizador (especialista en mantener el equilibrio), el quejoso y el rebelde social.

Pocas veces se reúnen, por distintos caminos de vida, pero cuando lo hacen salen las personalidades características fijas de la identidad individual.

Sábado 9 pm, barranco, bar característico de la zona con decenas de años de existencia rural, mesas de restaurante, sin música, los comensales son extranjeros o bohemios y gente como este grupito ansiada de mirar algo distinto a los bares de siempre. No es necesario viajar para conocer otras culturas.

Luego de las 7 pm es difícil encontrar mesa, por lo que tuvimos que esperar fuera que se desocupe una, con suerte una distante al baño que suele regalarnos olores inopinados de biológica procedencia. BTW, puedes ponerle un poco de bicarbonato a la olla de frijoles que te zampas en el almuerzo, chavalito.


domingo, 21 de abril de 2019

El pantalón roto y el culo al aire

Eran aproximadamente las 7:30 am cuando la movilidad me dejó en la puerta del colegio. Desde la entrada hasta el patio podrían ser unos 5 minutos caminando, así que empecé a correr con todas mis fuerzas para llegar rápido.

No era porque quería estudiar o algo, porque la verdad me interesaba muy poco.  Pasaba que aproximadamente a  las 7:45 am ya deberíamos estar formados para rezar y cantar antes de entrar a clases. Todos ahí bien rígidos como soldaditos sin respirar mucho y por supuesto sin pestañear, porque nos caía un golpazo de parquet en la mano inhábil, pues a la mano hábil le esperaban horas de apuntar y apuntar dictados absurdos. Es que en esa época, al parecer, todavía no se enteraban de la utilidad de los libros, razón aparente por la cual nos obligaban a apuntar absolutamente todo.

Lo que sucedía entes de esa hora era lo realmente importante:  jugar fulbito en el patio del colegio con una pelota de trapo llena de papeles.

domingo, 14 de abril de 2019

Conversaciones en la Catedral

Conversaciones cualquiera, entre 2 peruanos cualquiera, en una dimensión cualquiera. Llamaremos a los interlocutores agente A y agente B, de forma indistinta, podríamos ser tu y yo, o yo y tu. O no, lo que tu quieras.

A: Oye, que ricas están las aceitunas

B: Si pero son con pimiento, mejores son las aceitunas con rocoto

A: ah, bueno

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A: Oye que rica esta cerveza

B: Si, pero está un poco caliente, helada es más rica, además la otra marca es mejor

A: ah, bueno

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A: Oye, que bonita esa chica

B: Si, pero cuando sonríe mirando al noroeste, en noche de luna llena, entre 9 y 9:15, se le ven los dientes un poco chuecos

A: ah, bueno

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A: Oye mira he bajado de peso!!

B: Si, pero cuando bajas de peso se te va la grasa de la cara y te salen patas de gallo, y eso es peor

A: ah, bueno