8 meses después volvió a pasar, esta vez más intenso, más profundo, más mágico.
Tal vez esas tonterías del hilo rojo, del amor de vida, de la conexión espiritual, sean verdad.
Tal vez ella se sienta igual, tal vez no.
La cosa es que esto no va a terminar, y nos vamos a arrepentir el dia que nos demos cuenta que debimos enfrentarnos y unirnos física y emocionalmente de por vida. Porque eso es lo que la vida nos está pidiendo a gritos. Pero seguimos jugando al "si debe pasar, pasará", en una ola de pasividad que nos hará lamentar cuando no haya vuelta atrás.
Nuestros caminos son muy distintos, tenemos vidas totalmente antagónicas, ella tan correcta y yo tan rebelde. Ella tan elegante y yo tan relajado. Pero nuestros corazones se quieren juntar, y obvio no les hacemos caso. Al final quieras o no, manda el corazón, aunque vaya en contra de la lógica social.
La cosa de las miradas, esas que te enseñan el alma, es
peligrosa. Cuando se encuentran 2
miradas que se mantienen un par de segundos solo, pero parece mucho más tiempo,
ambas personas se dicen, tal vez incluso de manera involuntaria, que hay algo
ahí. Y si conlleva una sonrisa adjunta, el destinatario se siente como bife a
la parrilla, al punto de meterle diente, con su buena ensalada y aji de la
casa.
Suelo tener ratos, momentos, de no bajar la mirada cuando siento
que alguien me mira. No es siempre, pero es como un juego a ver
quien la mantiene más. Con hombres no hay problema, al cabo de poco terminan bajando
la mirada. Normalmente gano. Y a mi que no me gusta ganar.
Con las mujeres la cosa es distinta. No todas evidentemente,
tristemente no las que quisiera, pero algunas mantienen la mirada y al rato me
sueltan boca sonrisa que me hacen pensar “ay ya la cagué” porque mi intención no
es darle alas a quien no va a poder volar. Si fuera la que me gusta me quedaría
pegado mirando, pero en estos casos suelo hacerme el locaso.
Lo bonito es cuando estás mirando a tu bendición, de forma
caleta, como siempre sin que se de cuenta y de ahí voltea y te clava sinvergüenza
mirada sostenida por varios segundos, y no una, ni dos, ni tres, sino unas varias
veces más.
Es riquisimo el comecoco que te haces cuando ello sucede “pero,
¿por qué me mirará así? ¿será por la misma razón que la mía o por otra menos
babeante?
La primera es casualidad, al segunda es porque ella querrá
confirmar sus sospechas, la tercera ya es consentida y a partir de la cuarta ya
es coquetería. Al menos asi lo siento yo, y claro, alguna vez la he cagado.
Esta chiquita es bien mirona, es muy fácil encontrarle la
mirada. El otro día estábamos ahí, donde siempre, haciendo lo de siempre,
cuando me dije “quiero decirle me gustas, sin palabras”. Entonces decidí hacer
el juego de la mirada inocente. La iba a mirar hasta que ella conecte su mirada
con la mía y cuando ello sucediera, iba a poner cara de asustado, voltear la
mirada muy rápido y negaría con la cabeza mientras miraba hacia el suelo.
Todo
esto, con mi inocente intención de hacerle creer que en mi cabeza estaba pasando
un pensamiento de remordimiento y vergüenza de haberme sentido ampayado con las
manos en la masa, in fraganti, en algo que no quería que nadie se diera cuenta.
Imagina que estás mirando a una persona que te gusta mucho
en silencio, pero no quieres que se dé cuenta. Si esta persona voltea y te
ampaya en una, tu carga de conciencia será tal, que pensarás que dicha persona te
ha leído la mente, justo de lo que pensabas mientras la mirabas. Es decir, creerás
que ya se dio cuenta que estás por ella a mil por hora.
Ella estaba a unos 3 metros de distancia, justo en frente
mio. Cuando la miré, no pasaron ni 2 segundos para que ella levante la mirada
del celular y me conecte visualmente. Fue perfecto, todo salió a pedir de boca.
En ese momento, puse mi cara de asustado de “uy se dio
cuenta que la estoy mirando con estupefacción” y giré la cabeza rápidamente para
fingir la absurdez del intento que no se diera cuenta. Vamos todo estaba
planeado. Mi intención era que ella piense que me había cogido in fraganti, y
que yo no quería que se diera cuenta, cuando en realidad era lo que quería.
Una vez que ella se dio cuenta que la estaba mirando, se
acercó y me empezó a hacer la conversa. Como diría Anibal Smith, me gusta
cuando un plan se concreta.
La secuencia de miradas libidinosas siguió, como en un
jueguito inocente, sonrisas iban y venían. Cuando yo me doy cuenta que el tema
va en doble sentido, me las doy de desinteresado, me gusta landear el asunto.
Mientras más larga la espera, más rico es el enganche.
Luego de unos días, cuando la mirada se había estandarizado,
sin haber hablado de ello, sin haber evidenciado nuestros deliciosos y
profundos deseos sexuales por el otro, sin si quiera haber hablado mucho, la vi
distraída en el teléfono, y para variar levantó la mirada y nos quedamos mirándonos
sin roche, sin sonreir, sin hablar, sin pestañear, sin sentir culpabilidad.
Mientras seguimos mirándonos, me le acerco lentamente, ella
abrió un poco los ojos, como sorprendida y nerviosa.
Cuando llegué donde estaba, habían sido unos 2 metros de
caminata con la mirada clavada, ella me sonríe y me dice que está “cansadita”.
Yo la sigo mirando sin sonreir, sin hacer caso a lo que me decía,
su cansancio era obvio, una excusa para llenar el vacío silencioso que reinaba
entre las miradas, ahora a corta distancia.
- Si nos seguimos mirando así, tarde o temprano uno de los
dos se va a terminar derritiendo, y hay muchas probabilidades que seas tu.
Le dije con toda la conchudez del mundo, porque la verdad, sentía
por dentro que el que se iba a derretir ya en ese momento, era yo, si es que ya
no había empezado a hacerlo, porque las rodillas me temblaban y el pecho se me
salía.
Cuando oyó eso, ella dibujó una super sonrisa tímida en su
carita linda, bajó la mirada mientras sus cachetitos se ponían rojitos y luego soltó
una dulce, tímida y baja frasesita:
- Eres un idiota - me dijo, mientras su sonrisa me daba la mayor alegría del año.
He conocido, sin querer queriendo,
que es la forma más deliciosamente embaucante pues te agarra desprevenido, a
una chica encantadora.
Como suelo ser, no sé porque mi
naturaleza es así, cuando diviso una chica con un intensa belleza física, tiendo
a retraer, contra mi real querer por supuesto, todo atisbo de alago o amistad
forzada, incluso le hago entender que para mi casi no existe, ya que entiendo que suele estar acostumbrada a
los “babas” término distinguido en España para referirse a aquellos galanes tira
labia que se saben todos los adjetivos magnificadores de la belleza femenina
que van desde “diosa” hasta “princesa” dejando en medio unos varios más. Es decir, siento que es una chica acostumbrada
a que se le tiren a los pies, y hacer lo mismo sería entrar en el común
denominador siendo igual a todos, sin destacar, ocasionando que mis
posibilidades, aunque remotas, disminuyan.
Es paradójico, e incluso puede
ser estúpido, pensar que para que se fije alguito en mi, tengo que hacerle
entender que me es indiferente. A veces funciona, otras no tanto.
Sali corriendo porque, para variar ya estaba tarde. El taxi
me esperaba ya en la puerta y yo ni si quiera me había puesto la corbata, claro
en el taxi será. Era evidente esperar el tráfico de un día de semana por la mañana,
gente estresada por la ingente cantidad de carros que ocupan la ciudad.
Esta es una gráfica bastante representativa de nuestra sociedad.
Valoramos más nuestra dependencia al estatus, prefiriendo luchar contra el
tráfico que adquirir otros medios de transporte que nos enfrasquen menos y nos
diviertan más. Pero entendemos esto último como signo infravalorado de nuestra
capacidad de tener.
Muy bien lo podemos ver en aquellas ideas espectaculares de
tan idílico alcalde que pensaba que el tráfico se combate con menos parques y
más carriles.
Los países con mayor
desarrollo socioeconómico tienden a minimizar el uso del automóvil, pero
nosotros vamos unos añitos por detrás. En Holanda, Alemania y los países
nórdicos priorizan al transporte ecológico sustentable antes que la proyección
de la imagen de valor que creemos que nos da la capacidad de adquirir un auto.
1 hora es mi tiempo estimado desde San Borja hasta el centro
empresarial. Si fuera un domingo, el tiempo sería, según maps, de 21 minutos.
Estos son un grupo de amigos de toda la vida, super diferentes
unos de otros pero acostumbrados a gestionar sus indiferencias en base a la
cantidad de años que se conocen. Separando que todos han madurado, cada uno en
su estado, cuando se juntan, el grupo que se forma gestiona una inmadurez
colectiva casi imperceptible para los que lo conforman, pero evidente para los
que observan desde fuera.
Podríamos, en buena fuente, diferenciar a los integrantes en
las siguientes categorías: El carismático, el equalizador (especialista en
mantener el equilibrio), el quejoso y el rebelde social.
Pocas veces se reúnen, por distintos caminos de vida, pero
cuando lo hacen salen las personalidades características fijas de la identidad individual.
Sábado 9 pm, barranco, bar característico de la zona con
decenas de años de existencia rural, mesas de restaurante, sin música, los
comensales son extranjeros o bohemios y gente como este grupito ansiada de mirar
algo distinto a los bares de siempre. No es necesario viajar para conocer otras
culturas.
Luego de las 7 pm es difícil encontrar mesa, por lo que
tuvimos que esperar fuera que se desocupe una, con suerte una distante al baño
que suele regalarnos olores inopinados de biológica procedencia. BTW, puedes
ponerle un poco de bicarbonato a la olla de frijoles que te zampas en el
almuerzo, chavalito.
Eran aproximadamente las 7:30 am
cuando la movilidad me dejó en la puerta del colegio. Desde la entrada hasta el
patio podrían ser unos 5 minutos caminando, así que empecé a correr con todas
mis fuerzas para llegar rápido.
No era porque quería estudiar o
algo, porque la verdad me interesaba muy poco.
Pasaba que aproximadamente a las
7:45 am ya deberíamos estar formados para rezar y cantar antes de entrar a
clases. Todos ahí bien rígidos como soldaditos sin respirar mucho y por
supuesto sin pestañear, porque nos caía un golpazo de parquet en la mano
inhábil, pues a la mano hábil le esperaban horas de apuntar y apuntar dictados
absurdos. Es que en esa época, al parecer, todavía no se enteraban de la
utilidad de los libros, razón aparente por la cual nos obligaban a apuntar
absolutamente todo.
Lo que sucedía entes de esa hora
era lo realmente importante: jugar
fulbito en el patio del colegio con una pelota de trapo llena de papeles.
Conversaciones cualquiera, entre 2 peruanos cualquiera, en
una dimensión cualquiera. Llamaremos a los interlocutores agente A y agente B,
de forma indistinta, podríamos ser tu y yo, o yo y tu. O no, lo que tu quieras.
A: Oye, que ricas están las aceitunas
B: Si pero son con pimiento, mejores son las aceitunas con
rocoto
A: ah, bueno
_______
A: Oye que rica esta cerveza
B: Si, pero está un poco caliente, helada es más rica, además la otra marca es mejor
A: ah, bueno
______
A: Oye, que bonita esa chica
B: Si, pero cuando sonríe mirando al noroeste, en noche de
luna llena, entre 9 y 9:15, se le ven los dientes un poco chuecos
A: ah, bueno
__________
A: Oye mira he bajado de peso!!
B: Si, pero cuando bajas de peso se te va la grasa de la
cara y te salen patas de gallo, y eso es peor