Se levantaba, se duchaba, se
cambiaba, se lavaba los dientes, tomaba sus cosas y se iba a trabajar. El
tiempo estimado de llegada a su oficina era de 25 minutos. Pero mientras el
tráfico aumentaba, puesto que la ciudad colapsaba por la enorme cantidad de
autos, su llegada a la oficina se ralentizaba.
Para intentar minimizar ello se
había instalado una gran cantidad de semáforos, algunos sin sentido pues en una
avenida de 30 cuadras, tener un semáforo cada 3 es medianamente cuestionable, más
aún cuando estos no están sincronizados. Entonces cada 3 cuadras le tocaba un
semáforo en rojo.
Como acto de supervivencia Dario se
había acostumbrado a pensar como taxista. Debía ver mas allá de lo evidente,
como León-O de los Thundercats. Intentaba infiltrarse por calles aledañas que
le dieran la posibilidad de avanzar mas rápido. Mayoritariamente la apuesta le
salía ganadora. Pero había otras veces que el tiro le salía por la culata y se
metía en un nudo del cual debía salir con paciencia (y en retroceso).