jueves, 9 de abril de 2015

Aquella tan popular, pero no por guapa ni simpática

De las 88,000 palabras registradas y aceptadas por la RAE, hay una que no me gusta nada pero tiene mas uso del que debería. Esto empeora con las connotaciones que le da la gente, que la usa indiscriminadamente para calificar cualquier situación en la que una persona no logra el objetivo propuesto.

Es una palabra que limita el poder de las personas por miedo a engrosar su deteriorado concepto. Es un hoyo oscuro en el cual nadie quiere caer, y para evitar eso la mayoría de gente prefiere no iniciar el camino.

martes, 31 de marzo de 2015

Que tanto te gusta tu trabajo?


Nos dicen que en nuestro dia tenemos 8 horas para dormir, 8 para trabajar y 8 horas de tiempo libre. Pero si ajustamos los datos a la época, nos saldrá mas o menos así:

Por día laboral tenemos 7 horas de sueño, 11 de trabajo (9 en la oficina + 2 en el tráfico  ida/vuelta) y 6 horas libres al dia.

Si sacamos el promedio semanal, incluyendo los fines de semana, tenemos que  de las 168 horas a la semana gastamos un promedio de 55 en el trabajo (5 días de oficina/tráfico), 49 horas de sueño y 64 horas libres (30 en dia de semana y 34 en fin de semana).

martes, 10 de marzo de 2015

La antológica irracionalidad del miedo embustero 2 - El salto?

Luego de estar un buen rato mirando hacia abajo, viendo el mar y convenciéndome que tenía que saltar, mi cuerpo simplemente saltó. No recuerdo haber dado la orden para ello en ese justo instante, simplemente me sorprendí a mi mismo en el aire.

Estuve un buen rato intentando saltar pero mi cuerpo no me hacía caso. Hasta que en un momento saltó. A pesar del miedo por saltar los 7 metros promedio que me separaban del mar, sabía que iba a hacerlo, pues no me iba a echar para atrás. Sólo que no sabía cuando lo iba a hacer y me di cuenta cuando estuve en el aire.

viernes, 27 de febrero de 2015

La antológica irracionalidad del miedo embustero

Me levanté a las 4:30 am porque el taxi pasaría 1 hora mas tarde ya que tenia que estar en el aeropuerto a las 6 am. Cogió la Javier Prado, que a esa hora está totalmente libre, lo que emocionó al buen taxista, quien al parecer estaba manejando bajo las influencias del “pisa, pisa”.  Más de uno tendrá la fantasía de tener la Javier Prado vacia. Yo también hubiera “pisado, pisado”.

Llegamos al aeropuerto en increíbles 20 minutos. Fui rápido a la zona de embarque para disfrutar de ese tiempo tan placentero en el aeropuerto previo al vuelo. Amo los aeropuertos y sus tienditas super caras que venden cosas que no comprarías en una tienda de la ciudad, pero en el aeropuerto si a pesar que sabes que no las necesitas. El olor a café, los avisos en los altavoces, la gente sacándose la ropa en los controles de seguridad, el sonido de las rueditas del carry on, todo en conjunto hace que los aeropuertos sean de mis lugares favoritos. Sólo de ida.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El síndrome de freiesleben

De pronto sintió la necesidad de aumentar la velocidad, para disfrutar del poder de su reciente estrenada camioneta negro metálico casi sin rasguños, alborotada con faros neblineros en todo el frente y el techo para alumbrar hasta el último rincón de la oscuridad, haciendo los cambios cada 40 metros hasta llegar a la sexta velocidad en tan sólo unos segundos, liberando una dulce sensación de adrenalina al verse sobrepasando a los 200 km/h en la calle 42, pasando con nulo interés por Times Square, haciendo caso omiso a los pocos semáforos que aún funcionaban, para llegar con la mayor rapidez posible, sin necesitarlo, al East River antes de las 11:30 de la mañana.

La sensación de libertad de poder transitar a tal velocidad en una avenida en la cual normalmente se hace a un máximo de 40 km/h debido al denso tráfico, le daba una satisfacción enorme, casi de sentirse el dueño del mundo. Y en cierto punto lo era, pero no de la manera que hubiese querido.


jueves, 29 de enero de 2015

El sabio consejo de la rana al león

Todos tenemos días mas fluyentes que otros, hay días que la inspiración está a flor de piel, mientras que hay otros en los que puedo quedarme mirando la pantalla de la computadora sin que salgan las palabras.

Hay otras veces que empiezo a escribir oyendo el suave sonido del tic tic tic tic tic  de las teclas, pero luego, al leer lo que he escrito me doy cuenta que mas que un documento,  es una sopa de letras sin significado ni sabor.

Hoy es un dia de esos, sigo mirando la pantalla esperando inspiración, tanto así que quien me viera pensaría que estoy ansioso porque termine la descarga de algún archivo triple “X” o en el peor de los casos, pensaría que ya lo estoy viendo con absoluta concentración. Como cuando vas a servirte un café y tanto de ida como de vuelta ves a toditos mirando atentamente su pantalla como si en 15 minutos tuvieran que entregar el mayor proyecto laboral de sus vidas, pero en realidad están en youtube viendo el capítulo del día anterior de mi amor el wachiman.

miércoles, 14 de enero de 2015

El jinete no nació encima del caballo

En aquella lujosa mansión, cuyos ventanales eran tan altos como los pinos que custodiaban el glamoroso jardín, y las lámparas de techo con forma de araña parecían sacadas del palacete de algún duque medieval,  se encontraba el famoso pianista tocando sus más bellas melodías que tenían atónita a la muchedumbre que disfrutaba de tan inigualable recital.

Cuando hubo terminado, una guapa y distinguida dama, acompañada por el oro de sus collares y brazaletes y un vestido largo entallado que ponía de manifiesto su figura, se acercó al maestro pianista para decirle, copa en mano, lo mucho que le había gustado el concierto y como le gustaría poder tocar el piano con similar habilidad, tanto así que estaría dispuesta a hacer lo que fuera para lograrlo.

El artista pensativo, la miró de arriba abajo y sonriendo le contestó “No, no haría lo que fuera para tocar como yo”. La mujer, al verse retratada delante de tanta gente de tan alta alcurnia, replicó ofendida “Si, he dicho que haría lo que fuera para tocar así”.

El pianista, analizando lo absurdo de la conversación, terminó “En este momento le encantaría tocar como yo, pero no creo que esté dispuesta a practicar 12 horas diarias por los siguientes 30 años, para lograrlo”.