La tendencia
en los últimos años, era medir la productividad laboral según las horas que se
pasaba en la oficina. Quien no se quedaba hasta “tarde”, era percibido como
desleal a la empresa e inclusive mal trabajador.
La tendencia
está empezando a cambiar, y digo empezando porque sabemos que este país no es
progresista y por el contrario es renuente los cambios y por ello es complicado
aplicar un ajuste de mentalidad, por lo que normalmente nos cuesta años aceptar
las nuevas tendencias y necesidades sociales (fíjese usted señor lector en
nuestro congreso, en temas tan importantes y actuales como la unión civil y el
aborto por embarazo forzado).
Ahora mismo la
tendencia pasa por medir la productividad según resultados y no según medios o
formas. Y se entiende que para llegar a altos grados de productividad, se tiene
que equilibrar la vida laboral con la personal. La nonagenaria idea de que se
es más productivo mientras más horas en la oficina se pase, está empezando a
desaparecer. Incluso hay empresas en países europeos, que a determinada hora cortan
la electricidad para enviar a casa a los workaholics. Imagina que en tu trabajo
te envían un correo a las 5 pm indicándote que a las 5:30 pm van a cortar la
corriente, asi que mejor apaga y chau.